domingo, octubre 23, 2005

Camino de Venezia

El GondoleroY así, al día siguiente, domingo, emprendimos el viaje hacia la città dell'amore. También amaneció un día lluvioso y las calles de Milán reflejaban los restos de un intenso sábado noche que, por supuesto, no vivimos -pero tampoco nos arrepentimos.

Nuestro tren, aquel que casi perdemos porque los italianos no saben poner el número de andén, resultaba entre Musolínico y compartimental. Chocando rodilla con rodilla con la amiga y compañera de enfrente, recorrimos las horas previstas hasta llegar a Venecia. Allí nos esperaba el hotel, a la salida de la estación, todo recto por la calle principal y al llegar al segundo puente, sin cruzarlo, girando a la izquierda. Parece fácil, ¿verdad? Pues estuvimos buscándolo lo que quedaba de mañana! Recordad: por teléfono, 25€ con desayuno.

Cuando llegamos, unas escaleras ruinosas nos condujeron a una recepción repleta de maletas. Detrás de la barra de la recepcionista una cafetera resaltaba entre demás papeles y un ordenador. "¿Se desayunará aquí?" nos preguntamos. Pero la chica que nos atendió no tenía constancia del nombre de reserva (recordad que lo habíamos hecho por teléfono) y casi nos vimos en la calle, hasta que utilizó esa gran herramienta de internet y comprobó que allí estábamos, en la habitación 5, cuatro camas y baño compartido. Pero en la casa de enfrente, cruzando el puente. Allí nos dirigimos con maletas en mano, y una lluvia que cada vez parecía caer con más fuerza.


Al entrar, unos diminutos pasillos nos llevaron hasta la habitación, abierta, con una chica preparando la 4º cama de la habitación, un colchón que traía arrastrado y 1cm cuadrado de suelo desde el que debía hacer la cama. Cuando terminó nos intridujimos como pudimos en ese habitáculo donde maletas y personas no podrían pisar el mismo suelo en el mismo lugar y textoalternativoal mismo tiempo. Una habitacion de 2 convertida en una de cuatro. Situadas y habiendo inspeccionado los baños, emprendimos la ruta turística.

En la oficina de turismo, una señora muy simpática nos ayudó mucho en nuestro recorrido. Y compramos el billete para el único medio de transporte para moverse por aquella curiosa ciudad: el barco. Lo único que transportaba gente allí eran trenes (hacia el exterior), barcos y las increíbles góndolas.

Subidas en el ferry, eterno y petao de gente, acompañadas por la fiel amiga lluvia pero no sin sacarnos fotos cada segundo, dimos un recorrido por el Gran Canal hasta llegar a la plaza de San Marcos, donde se sitúa la Catedral, con un aspecto ruso más que italiano.

Aunque en esta foto no se aprecia, la plaza de San Marcos no carece de palomas, como si fuera una característica imprescindible en una plaza. Además no se textoalternativoasustan apenas, les da igual chocarse contra tí. Después de hacer un poco el gamba y de grabar algún video en dicha plaza, nuestro recorrido turístico siguió bajo la lluvía hasta que decidimos comer en McDonalds, también situado en la Plaza. Dato por el que ahora comprenderéis lo que os voy a contar.

Cuando nos encontrábamos tan felices con nuestra hamburguesa después de que una mujer nos arrebatara una mesa a la que llevábamos esperando media hora y habíamos conseguido abandonar el prosciuto y el queso en pan de pizza, unas bonitas palomas comenzaron a invadir el McDonalds -cosa que debía ser normal porque la gente no se inmutaba- y salían volando por todo él hasta llegar a la puerta, viéndose dificultada nuestra comida por dichas aves. Una comida de lo más agradable.

Sessi Ana!!Cuando terminamos de comer, volvimos a dar vueltas y más vueltas a los porches de la plaza, sin saber qué hacer por la lluvia. Y a eso de las 5 entramos en una Iglesia para preguntar cuándo había misa. Se supone que a las 7, pero había mucha gente y parecía haber algo, por lo que nos quedamos. De pronto el cura salió, un coro de 'filipos' empezaron a cantar a pleno pulmón y una misa en "itanglish" comenzó a celebrarse. Surrealista. Presenciamos un bautizo de un bebé filipino en el que no sabíamos quién era la madre y quién el padre debido a su aspecto físico, un tanto confuso. La desgracia del bolso de Miren vino a nuestras manos, una de las del coro no me dio la paz sino que me hizo el signo de paz con los dedos y 8 horas más tarde aquella surrealista misa terminó, dejándonos volver a la realidad que habíamos abandonado.


In the rainSeguía lloviendo. Seguíamos sacándonos fotos, a Miren le seguían atrayendo las tiendas y ahí estábamos, bajo los paraguas, mirando camisas, corbatas, y alguna tienda de accesorios en la que sonaba música de King África. Sí. El día ya empezó a ser desagradable con tanta lluvia. Y con nuestros pantalones calados hasta las rodillas y los zapatos chirriados, decidimos que habíamos cumplido bastante con nuestro plan turístico. Así que a las 8 estábamos cenando en un restaurante donde comí mi primera pizza sin tomate -yo pensaba que ese era un ingrediente imprescindible de la pizza-. Un lugar un poco cutre pero que nos supo a gloria.


experimentando...Pero se acercaba el momento "hotel". Alargando lo más que pudimos la cena no conseguiríamos nada, por lo que decidimos asumir los desagradables sucesos del 18S y que el siguiente día nos trajera un poco de sequía y algo de sol. La vuelta, agotadora, también dejó alguna experimentación fotográfica a la luz de la luna -y alguna farola-, que claramente, carece de todo valor...

Y me encantaría poner miles de fotos, pero creo que no va a ser posible. En mi espacio de MSN tengo el resto de fotos, pero ahí no se ven nada bien.

Me queda el último día. Ya llegará el momento. Os prometo que estoy intentando ser breve... pero no lo consigo!


jueves, octubre 13, 2005

El Segundo día...

Exposición Habitare Il Tempo...visitamos Verona. Nada que ver con Milán. Es una ciudad pequeña y, aunque turística, mucho más acogedora. Nuestra jornada empezó saliendo de la residencia con la desconfianza de las fratellis, pensando que les mentíamos porque no estábamos en la habitación que decíamos y exigiéndonos, como si el día anterior lo hubiésemos incumplido, que A LAS 10 (era a las 10.30) debíamos llegar. Después llegó el tren, en el que nos sentamos en 1º clase (una primera clase tipo campo de concentración) por confusión y ¡gracias Dios! Porque a mitad del viaje de 2 horas, al revisior se le ocurrió cumplir con su cometido y nos echó de nuestro privilegiado compartimento de 6 plazas (sí, los compartimentos siguen existiendo). Pero la sorpresa llegó cuando la clase "turista" estaba a rebosar. A los italianos no les va eso de vender el mismo número de billetes que plazas y quieren aprovechar los trenes al máximo... así que 1 hora sentadicas, ahí, al fondo, sin mover una centímetro las piernas. Como si Mussolini hubiese resucitado.
Bacón de Julieta
Llegamos a Verona ansiosas por estirar nuestras piernas. La cosa es que perdimos toda la mañana y, por si nos sobraba el tiempo, acabamos sentadas en una terraza, cumpliendo a la 1 de la tarde con la segunda comida de día, con ese espíritu turístico que nos caracterizaba. Y después de coger todas las fuerzas posibles Sus comenzó a guiarnos por las calles de Verona donde, las mismas tiendas de Milán, seguían llamando a los ojos de algunas de nuestras amigas.

Nuestro destino (no recuerdo el orden, ni todo lo que vimos) comenzó en el Balcón de Julieta. Un balcón sin nada especial aparte de la historia que lleva a sus espaldas. Fue un fenómeno curioso -que Ana llegó a descubrir y a mi no me ha contado todavía- el que la gente se sacara fotos con la estatua de Julieta...en fin, tal como veis en esta foto. Lástima no poder sacarle una a nuestra Ana...

así era la cosa



Il Duomo nos esperaba mientras nosotras, llamando como descosidas a Venecia en un italiano inventado, buscábamos dónde dormir al día siguiente. Lo del Duomo fue impresionante, no por su belleza interior/exterior, la cual he olvidado, sino porque entramos con sol y salimos después de una tormenta inesperada. Nuestro recorrido avanzó con el consecuente cansancio-pavo. Y así comenzó otra de nuestras actividades preferidas a orillas del río. Donde hay agua, hay foto.

La lluvia no dejó de sorprendernos y ahora lo hizo de manera torrencial y cargándose las alpargatas de alguna inconsciente y poco previsora que no me acuerdo exactamente de quién fue... Y así nos vimos sentadicas en otra cafetería como auténticas turistas tomando tortitas, cafés y demás, hasta que llegó la hora de dirigirnos a un vehículo digno de llamarse tren en el que depositamos todo nuestro cansancio y encontramos el maravilloso hotel que al día siguiente nos esperaba en Venecia: 25€, con desayuno! Y en Venecia! Menudo lujazo!!! (el que contaré más adelante)

Y a las 9 llegamos a Milán donde el tiempo tampoco acompañaba y tuvimos que comprar la cena en un restaurante (donde la chica que atendía era española) y cenar en la habitación para que las fratellis no nos cerraran la puerta.

Continuaré con la narración.

domingo, octubre 09, 2005

Y HE AQUÍ EL VIAJE

Lo sé, llevaba años sin escribir y cuando me dispongo a contar el maravilloso viaje italianini, es cuando, seguro, se me han olvidado la mitad de los detalles. Para forzarme un poco a recordar he decidido dividirlo en etapas (o días) e intentar escribir lo que mi memoria rescate.

Aunque propiamente el viaje tuviera que comenzar en Milán y algunas prefiriéramos no salir por Zaragoza para no llegar muertas a nuestro destino, ya dijo Miren que desde que ella salía de casa empezaba la aventura y el agote, ya fuese en Zaragoza o en "la bota".

Il DuomoAl día siguiente, previo y temprano desayuno preparado por santa madre Frago, nos plantamos en el aeropuerto y nuestra amiga Depis ya dio señales de despiste olvidando la maleta allá por donde fuera.

Tengo que reconocer que estaba emotion al subirme al avión -masificado- aunque también un poco cagada. En hora y media nos plantamos en Bergamo y poco después (aunque durara más el viaje de Bergamo a Milan que de Zaragoza a Bergamo) llegamos a nuestro destino: Milán. Después de una larga búsqueda y lío de calles a la italiana, encontramos nuestro "hospicio": una residencia de monjas muy simpáticas, que no sabían hablar ni un solo idioma pero que solo nos decían "pay now, pay now".

Y así comenzaron nuestras andadas por Milán. Ciudad plenamente turística y comercial. Il Duomo precioso. Pero por dentro ya que por fuera era lo que veis arriba.


Anuncio ArmaniSi es que tenemos una suerte... Y he aquí, nuestra guía amiga, Susana, que comenzó a dejarse la vista en múltiples mapas y nombres de callejuelas en diminuta letra. Gracias a ella nuestro recorrido fue fructífero y aprovechado al 100%, ya que teníamos un día para ver Milán. Aunque nuestra amiga Miren ralentizaba el recorrido parándose en... H&M? Qué no Mirentxu! También con ayuda de la Montero, sí, MM, pudimos ver por fuera miles de tiendas del tipo Louis Vuitton, Gucci y todo lo que se os pase por la cabeza. Una calle en la que había grandes ferrarys aparcados en zonas prohibidas mientras la señora compraba lo que le apetecía. High level en el que nos sentíamos indignas solo con observarlo.

Era sorprendente como iban los ragazzi milaneses. Unos para muy bien, otros para... no sé, muy raro (unas pedazo gafas de sol más grandes que la cara con unos pelos curiosos y unas vestimentas exageradas).

De allí nos dirijimos al Castello Sforzesco, en el que, tras una agotadora pateada milanesa, el más profundo pavo se apoderó de nosotras y comenzó una intensa sesión fotográfica usando como trípodes sillines de bicicletas y postes variados. Una muestra de ello es la foto abajo expuesta.

Castello SforzescoTras esta última visita al Castillo, nuestro tiempo se agotaba. A las 10.30 teníamos que volver a la residencia. Regresamos a la zona y nos encontramos con unas chicas preguntándonos en otro idioma algún asunto. Resulta que eran españolas, pero me avergüenzo de mi nacionalidad si me relacionan con una de ellas: extremadamente toooooooonta y pija que nos invitó a salir con ellas por la noche: "chicassss, ¿por qué no sssalimosss demarcha todasss juntassss?". No, gracias. Y después de una cena Calzone volvimos a nuestro habitáculo, no sin pena, pero agradeciendo la cama después de unos buenos paseos.

Cuál fue nuestra sorpresa al darnos cuenta de que en las habitaciones NO HABÍA ENCHUFES. Había que recargar el móvil, cámaras, en el baño que usaba todo el mundo, lejos de nuestro lecho. De ahí llegó el problema que otro día contaré.

Bueno, tarde pero cumplido. Prometí contar el viaje y lo estoy haciendo.

Saludos, besos y abrazos. Cada cual que elija.

P.D.: Si pinchais en la foto se ve más grande. El problema es que al publicarlas en el blog pierden bastante y se ven un poco deformes. Es todo lo que puedo hacer. (¿Te acuerdas, Miren, cuando me pasabas tus fotos?)