Venecia despertó al día siguiente con un sol inesperado. Aunque para inesperado el baño de la pensión: el conjunto del baño era la ducha. Al entrar, el agua -fría- cubría todo el suelo. A medida que te acercabas a la ducha se iba calentando, hasta que llegabas a lo que era propiamente ducha, donde te mojabas en un agua en la que no sabes quién se había duchado hace medio minuto. La chancleta flotaba por aquella piscina si se te ocurría quitártela. ¿Vestirse? Ni plantearlo siquiera. Y así, no sabemos si sucias o limpias, salimos para ver Venecia, si no en sus plenas facultades, en el 70% de ellas.Volvimos a la plaza de San Marcos. Las palomas seguían posándose donde antojaban, unos caminos elevados sobre la plaza entorpecían el paseo, un guarda te mandaba a castroculo a dejar, no ya la mochila, sino el bolso y casi el pantalón si pretendías entrar en la Catedral y una mujer se tranformaba en paloma. Lástima no tener fotos de esto... ¡el poli nos las había quitado!
A la salida de la catedral, cosa de media hora, fue una sorpresa encontrarnos con la plaza y la entrada inundada de agua, teniendo que andar por aquellas plataformas elevadas que, en un principio, tanto nos habían incordiado. Cuando llegamos a tierra firme poco quedaba para nuestra partida, así que en un puestecillo recurrimos otra vez el prosciuto y queso con pan de pizza para comer de camino al Rialto.
A la salida de la catedral, cosa de media hora, fue una sorpresa encontrarnos con la plaza y la entrada inundada de agua, teniendo que andar por aquellas plataformas elevadas que, en un principio, tanto nos habían incordiado. Cuando llegamos a tierra firme poco quedaba para nuestra partida, así que en un puestecillo recurrimos otra vez el prosciuto y queso con pan de pizza para comer de camino al Rialto.Cuando llegamos allí Susana y Ana decidieron sacarnos fotos desde abajo, cosa casi imposible por la cantidad inimaginable de turistas que visitan la ciudad y suben al Rialto.
Desde arriba
intentamos hacer señales entre la masa para que nos vieran, pero nunca mais se supo... Al bajar una novia un tanto peculiar paseaba por las calles marítimas. La foto deja constancia de ello.
Desde arriba
intentamos hacer señales entre la masa para que nos vieran, pero nunca mais se supo... Al bajar una novia un tanto peculiar paseaba por las calles marítimas. La foto deja constancia de ello.Y tras esta última aventura, nos montamos en el ferry -con su correspondiente sesión fotográfica- para recoger las maletas de la chabola y coger el tren a Milán. El sueño se apoderó de Miren y Ana en el trayecto. Cuando llegamos, Milán nos volvía a recibir con los brazos abiertos, sin lluvia y con unas monjas que resultaron más simpáticas de lo que lo habían hecho antes, dejándonos el cargador que Miren se había olvidado en el baño envuelto en unos periódicos y con una nota de lo más
agradable.
Hecho este recado nos dirijimos al Corso Como,
una galería impresionante en la que se encuentran las últimas tendencias de todo: música, libros, artículos de cocina, ropa, deportes, etc. Algo increíble. Allí nos detuvimos un buen rato que resultó interesante. Y después buscamos un restaurante para cenar, ya que a las 10 pm teníamos que coger autobús hasta el aeropuerto de Bérgamo.
Buscando dicho lugar para cenar Sus se compró un bolso en unos negros por ¿6? euros menos de lo que lo vendían, paramos en un supermercado donde compramos cosas varias, etc. Así que en un restaurante en el que parecía que nos
cobrarían la vida (6€ por cabeza), cenamos envidiando el plato de pasta que Miren se pidió. Sí, Mirentxu, lo reconocemos...
una galería impresionante en la que se encuentran las últimas tendencias de todo: música, libros, artículos de cocina, ropa, deportes, etc. Algo increíble. Allí nos detuvimos un buen rato que resultó interesante. Y después buscamos un restaurante para cenar, ya que a las 10 pm teníamos que coger autobús hasta el aeropuerto de Bérgamo.
Buscando dicho lugar para cenar Sus se compró un bolso en unos negros por ¿6? euros menos de lo que lo vendían, paramos en un supermercado donde compramos cosas varias, etc. Así que en un restaurante en el que parecía que nos
cobrarían la vida (6€ por cabeza), cenamos envidiando el plato de pasta que Miren se pidió. Sí, Mirentxu, lo reconocemos... Cansadas de los días turísticos nos dirijimos a la Stazione Centrale di Milano para coger el bus. Nos presentamos en el aeropuerto a eso de las 11 de la noche y cogíamos el vuelo a las 6.30. Nos esperaba una noche larga y no sabíamos cómo dormiríamos. Nos pedimos un chocolate caliente antes de que cerraran la cafetería y descubrimos a nuestro entretenimiento de la noche: una chica de Cádiz que llevaba 6 meses fuera de casa y volvía con más kilos en las maletas que todas nosotras juntas. Pasó toda la noche intentando ponerse cuantas más capas posibles para que no se lo cobraran. Nos enseñó todas sus pertenencias e iba pensando qué tirar de todo lo que llevaba con ella. Nos llevaron a las 12 y pico a una especie de techo en medio del aparcamiento para que limpiaran el aeropuerto. Allí, en el cemento, dormimos lo que pudimos soportando un frío que se nos metía pro el cuerpo. A las 4 abrieron el aeropuerto, nos trasladamos e hicimos todo lo necesario hasta que, montadas en el avión, caímos muertas tan pronto que a Miren le tuvo que atar el cinturón la azafata... en fin.
Y llegadas a Zaragoza comprobamos que el frío del "colchón" de esa noche no era nada con lo que hacía allí. Nano nos vino a recoger, nos llevó a Zaragoza, desayunamos en Vips un desayuno andaluz fuera de lo común (estábamos en España!) y Miren se dedicó a comprar todo lo que no compró donde debía. Y poco después Nano nos traía a Pamplona.
Este fue nuestro viaje. Lo que se empieza hay que acabarlo, me solían decir... Así que aqui está terminado. Siento haber puesto tantas fotos, queda un poco desordenado, pero es que me encantan.

