El tiempo corre que se las pela. Sin haberme dado cuenta ya casi ha pasado el último año de carrera. Un año que, a priori, apenas prometía algo. Era septiembre cuando se notaba que Pamplona se quedaba desierta, sin la gente de siempre, y el cuelgue parecía ser mi futuro acompañante hasta quién sabe cuando, porque ya nada sería lo mismo. Y en absoluto lo es. De pronto estoy casi en marzo, ha pasado más de medio curso y el balance no es para nada negativo. Y es que las cosas que no vienen dadas se disfrutan más, siempre y cuando sean positivas, claro.Ahora me doy cuenta de que no es como pensaba, e incluso me va a dar pena terminar. Un conflicto de intereses. La vida está llena de contradicciones...
Y, cambiando de tema, mañana lunes a las 11 me examino del práctico de conducir. Entonces sí que nada será lo mismo, no solo para mí. Desde aquí mi más profundo agradecimiento a mis amigas, las de la ruta del bacalao, que ya saben que las llevaré en mi futuro coche al fin del mundo si hace falta.
