Llevaba ya un tiempo pensando sobre qué podría escribir y así retomar mis andanzas por este blog, creado hace varios años, pero a duras penas mantenido últimamente. No es que lo que voy a decir se merezca un post. Es la decepción la que me hace escribir aquí, intentando no concretar mucho para no volver a cagarla ni pecar de bocazas. Siempre se dice que los principios nunca fueron buenos y no esperaba que lo fueran. Objetivamente, no se cómo ha sido el mío en Madrid, solo espero sacar algo en claro con el tiempo, acabar con un balance positivo, no solo con una X en el expediente por haber cubierto lo que hoy parece “una estancia obligada en Madrid tras terminar la carrera”.
Cambio de ciudad supone cambio de rutina, comienzo de la vida laboral en mi caso, convivir con más gente (más quisiera yo ahora un estudio para mí sola), algo que creía superado después de Londres, pero el elemento básico e imprescindible es tener un sitio propio, como decía nuestro profesor de antropología, un lugar de pertenencia. Y eso es difícil cuando la única opción que queda es la vida nómada. Si no tienes eso, todo se tambalea y vamos de mal en peor.
Pero esta especie de "forma de vida" provisional, entre otras cosas, me ha enseñado algo curioso. Que, radicalmente, hay tres tipos de personas en el mundo: las buenas (difíciles de encontrar, pero fáciles de identificar), las malas y las que dependen de las circunstancias. Puede que éstas deban estar en el pack de malas o sencillamente sean las peores. Prefiero pensar que están conducidas por una ‘buena intención malintencionada’ o condicionadas por la soberbia o egoísmo. Lo mismo da que da lo mismo.
De cualquier manera, como de primeras no sabes con qué tipo de persona te cruzas por la vida y, como siempre se dice -.y cada vez soy más consciente de ello-, no te puedes fiar ni de tu sombra, compensa ser discreto. Y es que a la primera de cambio, de manera premeditada o negligente, aquellas personas en las que en cierto modo confías te la meten doblada. Es lo de siempre. A corto plazo, el mal triunfa sobre el bien. Y de ahí no te salva nadie. Se te queda cara de idiota, cuando realmente te estás dando perfecta cuenta de lo que ocurre. Lo que me lleva a hacer una declaración a modo de lema: Antes descarada que tonta. Y esto con todo: lo que no voy a permitir es que me timen en ningún aspecto. Ante todo justicia, y si para eso hay que romper un poco el protocolo, se rompe. Ahora seré yo la que no me calle. Al pan, pan y al vino, vino.
Supongo que tendré que convertir esto en vía de escape. Trataré de hablar no más de lo razonable, ni diré nada que no pondría en el blog, no vaya a ser que luego se vuelva contra mí y sea la decepción el motivo de mi vuelta.

1 huellas:
puedes ahogar tus males en los cocktalitos que te prepara el camarero del Chess que está enamorado de ti. Y, una vez borracha, me confiesas en cuál de esos grupos de personas me tienes metida, je.
Publicar un comentario en la entrada