Llevaba tiempo intentando retomar el blog que, tan emocionada, creé allá por 2005. Blog que me quitó horas de estudio en plenos exámenes de febrero, al que tanto tiempo dediqué en diseñar, cambiar de plantilla, mirar comentarios... Entonces siempre encontraba un motivo para despegarme de la silla y los apuntes. Y ahora, cuando realmente 'tengo' tiempo - o me han obligado a tenerlo- y en otros tantos momentos que he perdido, es cuando más me cuesta hacer lo que debería. Quizá sea por mi gran afición a hacer las cosas a destiempo; digamos que tengo el don de la inoportunidad (otros lo llaman pereza...).
Pero a lo que estamos. El motivo de mi vuelta no es más que lo que del título se desprende. Llevaba casi un año en WB y el contrato de prácticas terminaba a mediados de marzo. Dadas las circunstancias comencé a buscar algo para adelantarme a lo que parecía acercarse inminentemente: el paro. Así que me puse manos a la obra. Y de manera sorprendente y sospechosa me surgió otra beca en EP (por indiscreción que no sea, si las siglas son delatadoras no es mi culpa). Otra beca? Sí, otra. Me exigían incorporación inmediata, pero podría aguantar 6 meses más, quizá un año -tal como me dijeron-, a la sombra. Por este motivo acepté y en 5 días me incorporé a mi nuevo trabajo, con una jefa (AM) ahogada en emoción con su nueva becaria -ciertamente raro-, no sin pena por haber dejado mi antiguo empleo.
Mucha gente me dice que estoy malacostumbrada. Yo también me lo repito. Y es que el primer trabajo, siempre y cuando uno haya estado bien, deja el listón muy alto. Pero aunque las primeras impresiones no sean definitivas, ayudan a vislumbrar lo que uno puede encontrarse. Es cierto que no estaba muy motivada. Era el primer día y todo había sucedido en un período de tiempo muy corto; el factor 'subjetividad' había que tenerlo en cuenta. Sin embargo el ambiente de EP no era el mejor por muchas razones, entre otras algo tan simple como el aspecto y la organización de la oficina.
Empecé a trabajar en lo poco que pude tras unas breves explicaciones. Mi jefa iba y venía liada. "Típico de jefes", piensa una. El caso es que apenas tuve tiempo para preguntarle algo. Quizá ella esperaba más iniciativa por mi parte o yo un poco de tutela por la suya. En cualquier caso no llevaba ni 6 horas
Y así se sucedieron los días (2) hasta el tercero, viernes, en el que tras preguntar unas cosillas y habiéndome dado largas sin llamarme la atención absolutamente por nada, me avisaron de RRHH para decirme que AM no quería que volviera el lunes. Que ella quería una persona full time (yo creía q 8 horas era full time...) y q le habían comentado que había mirado mi correo personal -no más de lo razonable para ser el segundo día- y tal y cual. Así que, tras un breve análisis de la situación, fui a hablar con ella, muy a mi pesar. ¿Quién iba a querer trabajar con una persona así después de todo? O mejor dicho: de nada... Pero había que agarrarse a un clavo ardiendo si hacía falta. Cuando me acerqué no supo decir nada más que "es que no das el perfil, no voy a discutir sobre esto contigo" delante del resto del departamento. Pero ¿discutir conmigo? ¡Qué disparate! ¿Con quién si no? Le pregunté en estado de shock si me iba y me dijo que sí, por lo que cogí mis cosas y salí a saludar al sol de la Castellana.
Todo lo que parecía haberse solucionado en dos patadas, en patada y media se desmoronó, pero más vale malo conocido que bueno por conocer. Y aquí estoy, 3 semanas después, empezando a coger un poco de color. Esperando que no sea mucho tiempo el que tenga que pasar los lunes al sol.
Mucha gente me dice que estoy malacostumbrada. Yo también me lo repito. Y es que el primer trabajo, siempre y cuando uno haya estado bien, deja el listón muy alto. Pero aunque las primeras impresiones no sean definitivas, ayudan a vislumbrar lo que uno puede encontrarse. Es cierto que no estaba muy motivada. Era el primer día y todo había sucedido en un período de tiempo muy corto; el factor 'subjetividad' había que tenerlo en cuenta. Sin embargo el ambiente de EP no era el mejor por muchas razones, entre otras algo tan simple como el aspecto y la organización de la oficina.
Empecé a trabajar en lo poco que pude tras unas breves explicaciones. Mi jefa iba y venía liada. "Típico de jefes", piensa una. El caso es que apenas tuve tiempo para preguntarle algo. Quizá ella esperaba más iniciativa por mi parte o yo un poco de tutela por la suya. En cualquier caso no llevaba ni 6 horas
Y así se sucedieron los días (2) hasta el tercero, viernes, en el que tras preguntar unas cosillas y habiéndome dado largas sin llamarme la atención absolutamente por nada, me avisaron de RRHH para decirme que AM no quería que volviera el lunes. Que ella quería una persona full time (yo creía q 8 horas era full time...) y q le habían comentado que había mirado mi correo personal -no más de lo razonable para ser el segundo día- y tal y cual. Así que, tras un breve análisis de la situación, fui a hablar con ella, muy a mi pesar. ¿Quién iba a querer trabajar con una persona así después de todo? O mejor dicho: de nada... Pero había que agarrarse a un clavo ardiendo si hacía falta. Cuando me acerqué no supo decir nada más que "es que no das el perfil, no voy a discutir sobre esto contigo" delante del resto del departamento. Pero ¿discutir conmigo? ¡Qué disparate! ¿Con quién si no? Le pregunté en estado de shock si me iba y me dijo que sí, por lo que cogí mis cosas y salí a saludar al sol de la Castellana.
Todo lo que parecía haberse solucionado en dos patadas, en patada y media se desmoronó, pero más vale malo conocido que bueno por conocer. Y aquí estoy, 3 semanas después, empezando a coger un poco de color. Esperando que no sea mucho tiempo el que tenga que pasar los lunes al sol.
